2009/11/17

Porque el fuego no muere.

“Acabar con la resistencia significa lo mismo que destruir la salud. Acabar con la resistencia significa en última instancia: matar.” Ulrike Meinhof

He nacido muy cerca de la Línea Gótica que atraviesa las montañas de mármol blanco de los Apeninos, es una región partisana, donde las brigadas anarquistas y comunistas se hicieron fuertes. Sobre estas montañas se pueden encontrar aún lápidas que recuerdan dónde cayeron los combatientes de la resistencia y en las aldeas, sobre otras placas, vienen enumerados uno a uno los nombres y apellidos de las mujeres, ancianos y niños masacrados; a veces incluso quemados vivos durante la represalia nazi-fascista. Hasta hace unos pocos decenios era todavía peligroso para un alemán de visita por la zona adentrarse en estos territorios.

Cuando en los años setenta se formaron de nuevo grupos y brigadas de combatientes, los últimos partisanos aún seguían presos, como Belgrado Pedrini y Giovanni Mariga. Durante el primer proceso en el cual estuve imputado por asociación subversiva con la llamada “Brigada Dante di Nanni“, en el informe de instrucción, junto a otros jóvenes y otros incluso aún más jóvenes, saltaba a la vista el nombre de un setentón Mariotti Libero, un viejo anarquista de las Brigadas internacionales que luchó en España. E incluso los primeros “hierros viejos” que se veían, venían de la resistencia del ‘44. Circulaba una “Staier“, que había hecho la guerra civil contra Franco, y no había dejado de funcionar de lo bien conservada que la tenían.

Es extraña la resistencia, a veces se yergue mostrándose potente y majestuosa, como en Estalingrado y en Vietnam, otras veces parece claudicar como en Bolivia.


Si el fuego, la brasa, la ceniza pueden convertirse en metáforas de la resistencia como sucede en el poema de Pablo Neruda, entonces se entiende que después de la llamarada se forman las brasas y luego las cenizas. Pero a menudo las cenizas conservan el fuego como un viejo volcán, y basta con un soplo de aire para hacer volar la superficie muerta, descubrir las ascuas y hacer arder la llama, y a veces incendiar la pradera.


Nosotros que éramos jóvenes, de los de la RAF sabíamos bien poco, no éramos de la generación del ’68 no estábamos muy informados, pero estábamos ávidos de noticias. Alguna cosa sobre Rosa Luxemburgo ya sabíamos. Para mí en la República Federal Alemana estaban los nazis, ya que el ejército Rojo se detuvo en Berlín. Suerte que Gianfranco Faina y la revista “Sinistra Proletaria” comenzaron a escribir algo verídico sobre Ulrike, sobre la RAF y de cómo eran tratados en las cárceles. No me sorprendía mucho el trato dado a los prisioneros, visto que de ahí de dónde soy habían hecho cosas peores. En cuanto a la democracia y a los socialdemócratas, ya conocíamos la historia del ministro Noske con los espartaquistas. Sentíamos una gran admiración por estos compañeros alemanes, ¿cómo eran capaces de combatir en Alemania- en pleno vientre de la bestia?

Siempre tuve el temor que los exterminasen, como habían hecho en nuestras aldeas de montaña: en Vinca, en San Terenzo, en Sant’Anna di Stazzema.

Hacéis bien en preguntaros, ¿qué tiene que ver todo esto con el arte y con los mosaicos? Los dos años de trabajo con los mosaicos, hechos entre un trabajo mío en la cantera y otro, van dedicados a los miembros de la RAF y de la resistencia alemana muertos en prisión. He elegido el mármol por su severidad clásica, por su resistencia y su grosor, porque la resistencia debe ser representada con material resistente. He elegido el mosaico porque es una técnica antigua, tan alabada y perdurable, como lo son la rebelión y la revolución. La técnica que produce la forma no debe seguir modas efímeras, así como un contenido tan potente no puede permitirme la más mínima ligereza, y mucho menos improvisadas “experimentaciones”. He recompuesto el acto de proyectar con el ejecutar, el trabajo intelectual y el trabajo artesanal.

Paolo Neri, 2008