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2013/03/24

Children of the revolution


Inspiradas por las revueltas en torno a 1968, Ulrike Meinhof y Fusako Shigenobu se convirtieron en revolucionarias, una en la R.A.F. alemana la otra del ejército rojo japonés.
Con el trasfondo de la guerra en Vietnam, colaboraron con causas como la palestina y contra el capitalismo. El documental muestra las versiones de dos de las hijas de estas revolucionarias, ambas periodistas, Bettina Röhl y May Shigenobu describiendo la vida de sus madres, Ulrike y Fusako, ofreciéndonos una visión de dos de las más notorias, en palabras del realizador, "terroristas" de nuestra época.

2011/05/15

Espacios para la nostalgia

Fragmento de Espacios para la nostalgía. Por qué no se hizo la revolución. De Bahman Nirumand.

La romántica implicación en los movimientos de liberación de los países del Tercer Mundo cegó a muchos no solo ante la realidad de estos países, sino también ante la de su propia sociedad. "¡Dos, tres, muchos Vietnams!", gritábamos en el Kurfürstendamm de Berlín. Como es bien sabido, aquella entusiasta adhesión a una utopía fue la perdición de muchos. Me he quedado en el recuerdo una conversación con Ulrike Meinhof, la última que mantuve con ella. Nos conocíamos hace tiempo, y podíamos hablar sin tapujos el uno con el otro. A diferencia de muchos izquierdistas que se habían unido al movimiento a través de posiciones teóricas y del estudio de las obras de Marx, Lenin, Stalin o Mao Tse Tung, y de los que simplemente se habían sumado a la moda, las actividades políticas de Ulrike estaban basadas en un carácter profundamente humano: en sus palabras podían leerse claramente su implicación moral y su indignación.
Un día Ulrike llamó a nuestra puerta. En aquel momento yo estaba pintando de rojo el marco de las ventanas de la cocina. "¿Pero qué haces? -me preguntó acusadora-, ¿cómo puedes pintar tus ventanas cuando hay tanta miseria en el mundo? Ayer murieron miles de vietnamitas, víctimas de las bombas estadounidenses, millones de personas mueren de hambre en tu país (Irán) y en otros lugares, decenas de miles están siendo torturadas en prisiones. ¿Cómo puedes aceptar esos crímenes con tanta despreocupación? ¿Cómo puedes renovar tan tranquilo tu casa?"
Ulrike nunca había hablado conmigo en un tono tan radical y obsesivo. Parecía extremadamente nerviosa, caminando constantemente por la cocina. "¿Qué te pasa?", le pregunté.
"He decidido poner fin de una vez a esta hipócrita vida burguesa y aceptar las consecuencias de sumarme a la lucha. Las pamemas de los izquierdistas de salón solo sirven para incrementar las posibilidades de supervivencia del capitalismo. Tenemos que desenmascarar al Estado, obligarle a mostrar su verdadero rostro. Solo así será posible preparar aquí la revolución, despertar a la gente de su letargo. Tenemos que plantear y responder aquí y ahora la cuestión de la contraviolencia revolucionaria".
Su voz, estridente y temblorosa, y su mirada insegura e inquisitiva me confirmaron que con sus palabras no era capaz siquiera de convencerse a sí misma. Por eso intenté contrarrestar sus argumentos para que cambiase de opinión. "No creerás en serio que un puñado de personas armadas puede hacerle siquiera un arañazo al aparato del poder en Alemania -le respondí-. Sí lo que a ti te preocupa es la concienciación, la movilización de la gente contra la represión del Estado, no me entra en la cabeza que puedas hacerlo mejor con la metralleta que con la pluma. Tú eres una periodista de prestigio. Tus artículos los leen cada semana decenas de miles de personas, y surten efecto".
"Te equivocas -dijo Ulrike-, ¿por qué piensas que un grupo militante será menos efectivo en la lucha contra el aparato del Estado que las publicaciones de un par de juntapalabras que no siquiera son capaces de hacer frente a la prensa reaccionaria? Mis artículos los leen normalmente quienes están de acuerdo con ellos. La derecha, en cambio, los usa como hoja de parra de la democracia. ¿Pero tú sabes cómo temblarían y lo mucho que te bailarían el agua los poderosos a poco que reconociesen el más mínimo peligro para su poder y para ellos mismos? Ése es precisamente el cobarde rostro del capitalismo, ésas son las máscaras que tenemos que arrancarles con acciones armadas".
Nuestra conversación se alargó durante horas. Mis esfuerzos fueron en vano. No hubo forma de disuadir a Ulrike. No volví a verla nunca más.

Espacios para la nostalgia. Por qué no se hizo la revolución. Está escrito por Bahman Nirumand y es un capítulo del libro La Rebelión del 68, editado por Global Rhythm en castellano en 2007. Por cierto un libro horrible de Cohn Bendit y Rüdiger Dammann, que en la edición española va adornado por una faja con una frase de José María Aznar.

2011/02/20

Última carta de Ulrike


[Última] Carta de Ulrike a los prisioneros de Hamburgo
13 de abril de 1976
Empezamos a estar hartos del punto de vista de clase que mantienes y con el que solo buscas hacerte el interesante.
No se trata de una cuestión de definiciones, sino que la lucha, lo fundamental, ha sido eliminado.
Tal punto de vista no existe, es solo una tarima desde la que hablas y que poco tiene que ver con lo que nosotros queremos, lo que nosotros queremos es la revolución. Esto significa que existe un objetivo, y en relación a este objetivo no existe ningún punto de vista sino movimiento, lucha; la relación con el ser, como bien dices, significa luchar.
Está la situación de clase: el proletariado, la proletarización, el desclasamiento, las humillaciones, las ofensas, las expropiaciones, el servilismo, la pobreza.
Puesto que bajo el imperialismo las relaciones están completamente atravesadas por el mercado y que la sociedad, por medio de los aparatos represivos e ideológicos, está sometida a un proceso de estatalización todo esto hace que no exista ni un tiempo, ni un lugar desde donde poder decir: de aquí parto.
Existe la ilegalidad igual que las zonas liberadas; pero la ilegalidad como posición ofensiva para la intervención revolucionaria tampoco te la encuentras dada. Esta ilegalidad es un momento del ataque, es decir que sin este momento no habría ataque.
El punto de vista de clase del que hablas es en realidad el mismo que el de la política exterior soviética que afirma representar el punto de vista del proletariado mundial y el modelo de acumulación de la Unión Soviética, definido como socialista.
Es el punto de vista -la apología- del socialismo de un solo país es decir una ideología que proviene de la seguridad del dominio de una dictadura que no se ha afirmado al ataque buscando el enfrentamiento con el imperialismo, sino de manera defensiva, derivada de las constricciones impuestas por el aislamiento.
Podrás decir que la política soviética, interior y exterior, era históricamente necesaria, pero no puedes asumirla como un punto de vista de clase en términos absolutos.
El punto de vista de clase -es decir, el interés, la necesidad, la misión de la clase de luchar por el comunismo, para poder vivir- va implícita en su política. Incluso podría decir que es superada en sí misma. Pero esto es un contrasentido. Punto de vista y movimiento se excluyen el uno del otro. El punto de vista es una afirmación, un recurso, un subterfugio a modo de justificación.
Este punto de vista afirma que la política de clase se deriva de la economía y esto es falso. La política de clase es resultado del conflicto con la política del capital; la política del capital es una función de la economía. Destaco en Poulantzas, que lo ha entendido correctamente, cuando dice que las funciones económicas del Estado forman parte de la función represiva e ideológica -es decir, de la lucha de clases.
La política de clase y su lucha contra la política del capital y no contra la economía, que directamente o por medio del Estado la proletariza.
El punto de vista de clase del proletariado es la guerra, esto es una contradictio in adjecto, una tontería.
La Unión Soviética habla de punto de vista de clase, puesto que quiere subsumir su política de Estado en la lucha de clases.
Yo diría que esto es la capitalización de la política exterior soviética. Lo que significa que pueden ser aliados en el proceso de liberación, pero nunca protagonistas.
El protagonista no mantiene un punto de vista, tiene un objetivo. Pero el “punto de vista de clase” es siempre un obstáculo, la afirmación y la imposición, por medio de un aparato de partido, de un concepto de realidad que no se corresponde con la realidad experimentada y experimentable: afirma, de hecho, una posición de clase sin lucha de clases. Dices que “a partir de esta posición se tendrá que actuar”, y todavía no se ha actuado aún.
En 1969 han sido los grupos M-L, “KSV”, “AO” que con el “punto de vista de clase” han despolitizado el movimiento político en las universidades, sosteniendo como correcta una política a la que ningún estudiante se podía realmente adherir.
Ha sido una posición liquidadora del movimiento de protesta anti-imperialista.
Pienso que lo horrible del concepto y de su contenido está en el hecho que excluye la identificación emocional de la política proletaria como posibilidad.
Es un catecismo.
Nosotros no partimos de un punto de vista de clase cualquiera, sino de la lucha de clases como principio de toda la historia y de la guerra de clases como realidad, en la cual, la política proletaria se realiza, como hemos experimentado, solo en la guerra y a través de la guerra.
El punto de vista de clase puede ser solo el movimiento de la clase en la guerra de clases, el proletariado mundial que combate armado, en realidad sus vanguardias, los movimientos de liberación.
O como dice Jackson: “connections, connections, connections”, por lo tanto, movimiento, interaccción, comunicación, coordinación, luchar juntos, estrategia.
Todo está paralizado en el concepto de “punto de vista de clase” y así lo usas y buscas convencernos. Pero deberías saber que no hay nada más desagradable que apabullar a alguien con palabrería.
O lo que es lo mismo: el punto de vista de clase es un punto de vista triunfalista.
Es cierto que también tiene algo de heroico, pero nosotros no estamos en esas, estamos por la eficacia.
Pero basta ya, esto es como hablar con las paredes, no tiene ningún sentido, lo único que busco es bajarte de tu pedestal.
Baja, deja de darte esos aires.

13.4 Ulrike

2010/08/08

Itinerario de Ulrike Meinhof


Hace apenas unas semanas, la prensa alemana informaba de la puesta en libertad de Brigitte Mohnhaupt, tras dieciocho años de cárcel. Mohnhaupt fue condenada por haber participado en varios atentados de la Fracción del Ejército Rojo. Las crónicas de su salida de la cárcel han presentado a Mohnhaupt como una superviviente. Primero, en el sentido literal: los principales dirigentes del grupo terrorista aparecieron muertos en prisión, víctimas de una oleada de suicidios que dio lugar a una agria polémica en Alemania. Pero en segundo lugar, Monhaupt ha sido presentada como una superviviente en un sentido más general. Cuando ingresó en prisión seguían existiendo los bloques y su país estaba aún dividido por el muro. Los cambios experimentados desde finales de los 80 no parecieron afectarle, según los funcionarios encargados de su custodia. Nunca se arrepintió de los asesinatos cometidos durante su juventud y, por otra parte, nunca renunció a la ideología que imaginaba promover con ellos.
La Fracción del Ejército Rojo, al igual que el de las Brigadas Rojas o Acción Directa, fueron episodios terroristas que, a diferencia de lo que ocurrió en España, no estaban vinculados al nacionalismo sino a una radicalización de los grupos juveniles de izquierda. De algún modo representaron el contrapunto de los felices 60, según la versión que se ha conservado de aquellos años. Si la mayor parte de la juventud de la época reivindicó el pacifismo en medio de una bonanza económica general, la Fracción del Ejército Rojo consideró, en cambio, que había llegado el momento de recurrir a la violencia contra una situación política que, a su juicio, portaba aún el estigma del nazismo en muchos de sus comportamientos. La Fracción surgió en medios universitarios con una sólida formación y una situación personal más o menos confortable: su opción fue el resultado de una mezcla de factores propios del momento, como la desconfianza de una parte de la juventud alemana frente al relato del reciente pasado de su país o el recrudecimiento de la guerra de Vietnam, convertida en símbolo de una violencia que se ocultaba a los ciudadanos europeos y norteamericanos pero que se ejercía sin contención contra los de otras partes del mundo.
Los gobiernos y los medios de comunicación alemanes que tuvieron que abordar en su día el episodio de la Fracción del Ejército Rojo pusieron un especial cuidado en que no se consolidase esta denominación, entendiendo que supondría una primera victoria de aquel grupo de jóvenes fanatizados. Preferían referirse a ellos como la banda Baader-Meinhof, una manera de señalar su condición marginal y de situarlos en el entorno de la delincuencia común. Además, sugería una equívoca relación personal entre Andreas Baader y Ulrike Meinhof que, por algún conducto del subconsciente colectivo, remitía al universo gansteril de Bonnie y Clide. En realidad, Baader era el jefe único de la banda, y su personalidad y comportamiento estaban más cerca de la acción por la acción que en el caso de Meinhof, una periodista de talento. Sus columnas en la revista Konkret revelan una inteligencia poderosa y una singular capacidad de análisis, al tiempo que iban dejando constancia del itinerario seguido por alguien que acaba abandonando la escritura y empuñando las armas. Después de su muerte en prisión, se publicaron algunas antologías de sus textos luego traducidas a otros idiomas, incluido el español.
La lectura de estos artículos una vez que han quedado atrás los hechos inmediatos que les sirvieron de estímulo, y también su relación directa o indirecta con algunos crímenes y acciones terroristas, depara algunas sorpresas que, en resumidas cuentas, vuelve a suscitar el viejo problema de la relación entre los medios y los fines. Los análisis de Ulrike Meinhof sobre las leyes de excepción que se proponía aprobar la República Federal, y que fueron finalmente las leyes que se les aplicaron a la banda, sugieren un profundo conocimiento de la historia, la filosofía política y la actualidad internacional de su época, orientado en principio hacia la defensa del Estado democrático. Meinhof cita a Carl Schmitt y se refiere al peligro de que, como sucedió durante la República de Weimar, la excepción se convierta en un estado permanente. A su juicio, las crisis se deben resolver salvaguardando la democracia, no sacrificándola a las necesidades del momento.
Las reflexiones de Ulrike Meinhof sobre la presencia de trabajadores extranjeros en Alemania –es significativo que, en los sesenta, no se emplease todavía el término de “inmigración” o de “inmigrante”– abundan en la idea de que no son tan distantes los problemas de hoy y los que preocupaban entonces. La periodista, que aún no había pasado el rubicón de la violencia, denuncia la xenofobia que observa en Alemania, y la pone en relación con las condiciones de vida y de trabajo que padecen los extranjeros. Meinhof cree que existen “instintos nacionalistas” en la Alemania de la época, pero la tensión entre los trabajadores alemanes y los que vienen de fuera tiene que ver, a su juicio, con el efecto sobre los salarios de una masiva llegada de mano de obra desde el exterior. “Los sindicatos –escribe Meinhof–, por motivos evidentes de razón democrática, se abstienen de utilizar el resentimiento xenófobo de los alemanes contra los empresarios, y éstos pagan utilizando contra los sindicatos ese resentimiento que ellos mismos han creado”. En esta época, la crítica de Meinhof se expresa todavía a través de un discurso que, aunque severo y contundente, no recurre en exceso al dramatismo ni a los recursos emocionales.
El punto de inflexión se produce en el momento en que se ocupa, por una parte, de la guerra de Vietnam y, por otra, de los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes alemanes, que arroja un saldo de un universitario muerto y varios heridos. Da la impresión de que Meinhof construye a partir  de estos dos acontecimientos distantes y sólo relacionados por la presencia genérica de la violencia, un enemigo único, una especie de monstruo con muchos brazos y una sola cabeza. No se trata sólo de que el análisis de Meinhof parezca incorporar por esta vía una cierta dosis de paranoia, sino de que, al imaginar que hay un único protagonista detrás de la guerra de Vietnam y de los disturbios en Alemania, la posibilidad de alegar la noción de legítima defensa se amplía hasta el infinito, amparando la acción terrorista de la Fracción del Ejército Rojo. Meinhof empieza a creer, así, que cometer un atentado en Colonia o Düsseldorf puede ser entendido como respuesta a una acción del ejército norteamericano en una aldea vietnamita. El equívoco se ve acentuado por el hecho de que, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes alemanes están habituados a la presencia de las tropas norteamericanas en su territorio y tienden a considerar a su propio gobierno como cómplice de Estados Unidos.
En poco tiempo, la capacidad de análisis de Meinhof va adoptando un horizonte distinto al que se apreciaba en sus primeros escritos. La defensa de la democracia pasa a un segundo plano, hasta desaparecer, y va cobrando protagonismo la pretensión de encontrar una legitimación a la violencia terrorista. Las estaciones de este itinerario quedan reflejadas en algunos títulos de sus columnas de la época, como “Vietnam y los alemanes”, “Contraviolencia” o “De la protesta a la resistencia”. No basta con decir que Meinhof se va radicalizando; su pensamiento era radical desde el primer momento. Lo que ha aparecido en sus escritos es una nube más sombría: la convicción de que es legítimo recurrir a la violencia para defender ese pensamiento. La periodista empieza a inclinarse hacia el lado del terror, y acabará participando en una acción de la Fracción del Ejército Rojo que acaba con un muerto y dos heridos. El propósito del atentado era liberar a Andreas Baader, con ocasión de su traslado a otra prisión en un furgón policial. Baader es, en efecto, liberado, y las autoridades reparten miles de carteles y octavillas con la fotografía de Ulrike Meinhof, ofreciendo una recompensa de 100.000 marcos a quien pudiera dar noticias de su paradero. La policía la describe de manera sumaria: “35 años de edad, 1,65 de estatura, delgada, cara alargada, cabello castaño largo, ojos castaños”. A pesar de su juventud, era la mayor del grupo.
La puesta en libertad de Brigitte Mohnhaupt ha supuesto para los alemanes, y para el resto de Europa, una evocación de aquellos años contradictorios, y en gran medida pendientes de explicación, en los que pudo convivir la ingenuidad de los movimientos alternativos con el fanatismo violento de grupos como el que lideró Abdreas Baader y al que se sumó una periodista de talento, Ulrike Meinhof.

x José María Ridao para El Siglo de Europa nº 737, 16 abril de 2007

Ulrike Meinhof iba en serio


El siguiente texto es un fragmento de una entrevista con Sacristán que Jordi Guiu y Antoni Munné realizaron para la revista el Viejo Topo, en la primavera de 1979. No llegó a publicarse en aquella época porque, como recordó Guiu posteriormente, Sacristán arguyó el carácter excesivamente personal, subjetivo, de algunas reflexiones y el posible efecto desmovilizador que su lectura podía provocar en algunos sectores y entre algunos activistas de la izquierda. La entrevista fue publicada por vez primera, diez años después de su fallecimiento, en Mientras Tanto nº 63, 1995 pp. 115-129. Jordi Guiu escribió una breve presentación para esta edición, de la que reproducimos el siguiente paso:
[...] de aquella conversación se ha conservado la transcripción literal de las palabras de Manuel Sacristán sin las preguntas que se formularon. Se perdieron las cintas, así como la versión de la entrevista tal y como iba a ser publicada. De todas maneras recuerdo que iniciamos la entrevista preguntándole por las razones de su silencio en el periodo que va de 1968 hasta su edición de la biografía de Gerónimo y sus trabajos sobre Ulrike Meinhof (1975).

"En la Meinhof, a mi lo que me ha llamado la atención es que ella no era una intelectual, era una científica, iba en serio, quería conocer las cosas. Aunque acabara en la locura. Cosa manifiesta que acabó en la locura, en la insensatez, como Meins, como los demás, pero era gente que iba en serio. Por “ir en serio” entiendo no precisamente tener necesariamente ideas ciegas -la ceguera nunca es seria: es histérica, que es distinto- ni tampoco necesariamente ideas radicales. Con las mismas fórmulas teóricas de Ulrike Meinhof se puede ser perfectamente un botarate. No es nada serio, no se trata de eso. Se trata de la concreción de su vida, del fenómeno singular. No se trata de las tesis, que pueden ser, por un lado, disparatadas y, por otro, objeto de profesión perfectamente inauténtica, a lo intelectual.
Supongo que queda muy oscuro eso. Tú me has hecho la pregunta de por qué me había dedicado a estos temas. Yo más bien te he dicho por qué dejé de escribir.
Quizá podría añadir alguna cosa. En el caso de Gerónimo, ahí van dos cosas, diferentes de las del casode Ulrike Meinhof. En mi ocupación con Ulrike Meinhof, con el grupo de Baader-Meinhof en concreto, supongo que mi motivación es doble. Por un lado está el hecho de que yo no puedo evitar ser germanista. Yo tengo mucho amor a la cultura alemana y al pueblo alemán, me interesa mucho todo lo alemán. Entre los rojos españoles estoy en minoría, soy germanófilo al mil por mil... Una de las motivaciones era ésta: entender cosa alemana, cosa que les pasa a los alemanes. Entender cosa que les pasa a los alemanes es entender cosa que me pasa a mí, porque tengo un buen elemento de cultura alemana asimilada [...].
Una de las motivaciones era esta, comprender la cosa alemana, cosa les pasa a los alemanes. Entender cosa les pasa a los alemanes es entender cosas que me pasan a mí, porque tengo buen elemento de cultura alemana asimilada. [...] Esta motivación estaba, pero sobre todo la otra, la presente, la consciente, era una motivación crítica. Intentaba entender la locura política del grupo Baader-Meinhof como negativo de la locura satisfecha de los partidos comunistas occidentales. Era otra clase de locura, pero era sólo el negativo de la misma locura, de la misma falta de sentido común".


Este escrito se puede encontrar actualmente recogido en un libro de la editorial Catarata que lleva por título De la primavera de Praga al marxismo ecologista: entrevistas con Manuel Sacristán Luzón.

Historia de una amistad

Tan sólo durante dos años, de 1967 a 1969, corrieron paralelos los caminos de Ulrike Meinhof y Rudi Dutschke. Se hicieron amigos, de eso va esta historia. Es la de una época en la que muchos izquierdistas se veían como “presas libres” y, por tanto, decidieron defenderse, en caso necesario también con las armas.

Rudi Dutschke reflexionó en 1969 sobre el camino hacia la ilegalidad, un año después de que el autor de un atentado lo dejase malherido con tres disparos, y un año antes de que Ulrike Meinhof se decidiese por la “lucha armada”.
“¿Es de extrañar que le disparasen precisamente a él? Al más querido de mis amigos políticos”.
Ulrike Meinhof, abril de 1968.

La República Federal en 1967: Altos puestos sociales y altísimo cargos del Estado están ocupados por antiguos nazis, reina un clima autoritario. En la “ciudad frente” de Berlín Occidental, donde la Oposición Extraparlamentaria protesta airadamente contra el “hedor de los mil años”, la guerra de Vietnam y la visita del Sha, el Senado amenaza con apalear a la juventud rebelde. La policía se entiende como porra prolongada de la autoridad, los medios del conglomerado de Axel Springer calientan, además, los ánimos. Este es el ambiente en el que Benno Ohnesorg muere el 2 de junio de 1967 por disparos de la policía, éstas son las condiciones contra las que escribe Ulrike Meinhof en konkret, contra las que se opone Rudi Dutschke en sus apasionados discursos.
Es el año en que se conocen Rudi y Ulrike. Su amistad dura dos años justos, pero son dos años que cambian la faz del país.
El interés de Jutta Ditfurth radica en los motivos y la evolución de Ulrike Meinhof y Rudi Dutschke, y en la dinámica de aquella época en que ambos vivieron y que influyó en sus vidas al menos tanto como “Rudi y Ulrike” marcaron la evolución de aquellos años. Así lo cuenta Jutta Ditfurth cuando habla de la amistad entre ambos directores de opinión del movimiento del 68, y, a la vez, también del cenit y del ocaso de la “oposición extraparlamentaria”, la APO (en sus siglas alemanas. V. R.). Su libro es una pieza viva de la historia contemporánea, reflejada en las vidas, entrelazadas por pocos años, de los dos exponentes más populares del movimiento estudiantil.
Por Jutta Ditfurth
Traduccción: Vicente Romano

2010/04/09

Cinco puercas

"¡Toma del frasco, puerca!", dijo el policía
que estaba aporreando
en el Estado Corporativo Austriaco
a la estudiante que escupía sangre y dientes
"¿Y sabes por qué?"
No porque seas una nazi.
Abre bien las orejas:
¡yo sí que soy un nazi!
Sino porque causas tantas dificultades
a la policía".

También a Rosa Luxemburgo
la llamaron "la puerca"
quienes estaban gritando
"¡Esta puerca tiene que nadar!"
Se referían al Canal de Landwehr.

Y tras el arresto
de Ulrike Meinhof aclaró
un portavoz de la policía a un periodista:
"Para los seres humanos somos humanos
Para una puerca somos puercos
¡y si hace falta incluso jabalíes!"

Y cuando en Bremen l aseñora Ernestine Zielke
con más de sesenta años de edad
que iba a su casa desde el Estadio Weser
se derrumbó bajo las porras
le dijeron "¡Ponte de pie, vieja puerca!"
Cuando se puso de pie volvieron a derribarla a golpes.

Eran las mismas porras
que en Notting Hill barrio de Londres
se abatieron sobre la chica negra
a los gritos de "Dirty black sow!"
No resulta difícil traducirlo.

Erich Fried

[LS 37]

2009/11/17

Porque el fuego no muere.

“Acabar con la resistencia significa lo mismo que destruir la salud. Acabar con la resistencia significa en última instancia: matar.” Ulrike Meinhof

He nacido muy cerca de la Línea Gótica que atraviesa las montañas de mármol blanco de los Apeninos, es una región partisana, donde las brigadas anarquistas y comunistas se hicieron fuertes. Sobre estas montañas se pueden encontrar aún lápidas que recuerdan dónde cayeron los combatientes de la resistencia y en las aldeas, sobre otras placas, vienen enumerados uno a uno los nombres y apellidos de las mujeres, ancianos y niños masacrados; a veces incluso quemados vivos durante la represalia nazi-fascista. Hasta hace unos pocos decenios era todavía peligroso para un alemán de visita por la zona adentrarse en estos territorios.

Cuando en los años setenta se formaron de nuevo grupos y brigadas de combatientes, los últimos partisanos aún seguían presos, como Belgrado Pedrini y Giovanni Mariga. Durante el primer proceso en el cual estuve imputado por asociación subversiva con la llamada “Brigada Dante di Nanni“, en el informe de instrucción, junto a otros jóvenes y otros incluso aún más jóvenes, saltaba a la vista el nombre de un setentón Mariotti Libero, un viejo anarquista de las Brigadas internacionales que luchó en España. E incluso los primeros “hierros viejos” que se veían, venían de la resistencia del ‘44. Circulaba una “Staier“, que había hecho la guerra civil contra Franco, y no había dejado de funcionar de lo bien conservada que la tenían.

Es extraña la resistencia, a veces se yergue mostrándose potente y majestuosa, como en Estalingrado y en Vietnam, otras veces parece claudicar como en Bolivia.


Si el fuego, la brasa, la ceniza pueden convertirse en metáforas de la resistencia como sucede en el poema de Pablo Neruda, entonces se entiende que después de la llamarada se forman las brasas y luego las cenizas. Pero a menudo las cenizas conservan el fuego como un viejo volcán, y basta con un soplo de aire para hacer volar la superficie muerta, descubrir las ascuas y hacer arder la llama, y a veces incendiar la pradera.


Nosotros que éramos jóvenes, de los de la RAF sabíamos bien poco, no éramos de la generación del ’68 no estábamos muy informados, pero estábamos ávidos de noticias. Alguna cosa sobre Rosa Luxemburgo ya sabíamos. Para mí en la República Federal Alemana estaban los nazis, ya que el ejército Rojo se detuvo en Berlín. Suerte que Gianfranco Faina y la revista “Sinistra Proletaria” comenzaron a escribir algo verídico sobre Ulrike, sobre la RAF y de cómo eran tratados en las cárceles. No me sorprendía mucho el trato dado a los prisioneros, visto que de ahí de dónde soy habían hecho cosas peores. En cuanto a la democracia y a los socialdemócratas, ya conocíamos la historia del ministro Noske con los espartaquistas. Sentíamos una gran admiración por estos compañeros alemanes, ¿cómo eran capaces de combatir en Alemania- en pleno vientre de la bestia?

Siempre tuve el temor que los exterminasen, como habían hecho en nuestras aldeas de montaña: en Vinca, en San Terenzo, en Sant’Anna di Stazzema.

Hacéis bien en preguntaros, ¿qué tiene que ver todo esto con el arte y con los mosaicos? Los dos años de trabajo con los mosaicos, hechos entre un trabajo mío en la cantera y otro, van dedicados a los miembros de la RAF y de la resistencia alemana muertos en prisión. He elegido el mármol por su severidad clásica, por su resistencia y su grosor, porque la resistencia debe ser representada con material resistente. He elegido el mosaico porque es una técnica antigua, tan alabada y perdurable, como lo son la rebelión y la revolución. La técnica que produce la forma no debe seguir modas efímeras, así como un contenido tan potente no puede permitirme la más mínima ligereza, y mucho menos improvisadas “experimentaciones”. He recompuesto el acto de proyectar con el ejecutar, el trabajo intelectual y el trabajo artesanal.

Paolo Neri, 2008

2009/09/14

El honor perdido de Katharina Blum

El Premio Nobel Heinrich Böll escribió esta novela a principios de los años 70, que fue cuando nacieron en Alemania los primeros grupos de lucha armada como la RAF o el Movimiento 2 de junio. Nacieron como consecuencia del movimiento del 68, que con sus métodos no consiguió llegar a su meta: un mundo más justo y sin guerras
Harry STÜRMER Profesor de alemán y traductor (Goethe-Institut)

El próximo 29 de febrero tendremos la oportunidad de ver una excelente película en la casa de cultura de Okendo de Donostia (19.00). Una película que no se ve todos los años. Y no es por lo del año bisiesto. Se trata de «El honor perdido de Katharina Blum». Volker Schlöndorff rodó la película en 1975, cinco años antes de recibir un Oscar por «El tambor de hojalata» y un año después de la publicación de la novela del mismo título («Die verlorene Ehre der Katharina Blum») del escritor alemán y Premio Nobel, Heinrich Böll.
El tema de la película son los valores, el honor, de un ser humano en contraste con los métodos de los, o algunos, medios de comunicación. El personaje central es Katharina Blum, una modesta mujer alemana divorciada, trabajadora, sincera y serena, a quien llaman «la monja». Un día de carnaval se deja animar por una amiga y acude a una fiesta donde conoce a un hombre atractivo y simpático que le confiesa que había desertado del Ejército y está siendo buscado por las fuerzas de seguridad del Estado. Katharina decide escuchar a su corazón y le deja dormir en su casa, no sin indicarle antes una vía de posible fuga. Así, cuando a la mañana siguiente la policía irrumpe en su domicilio, ella se queda tranquila con su conciencia. Pero su estado de ánimo cambia al ver la campaña que la prensa, en armonía con las fuerzas del Estado, lanza contra ella. Llegándose al punto de... Pero no vamos a anticipar aquí toda la película.
Lo que sí podemos decir es que, al final de la película, Katharina, a pesar de todas las posibles vulneraciones de unas leyes establecidas en el Código Penal, jamás ha perdido su honor, todo lo contrario. Ella es la heroína santa de la historia, defendiendo los valores que la prensa ya perdió hace tiempo en Alemania (y en otros sitios).
El Premio Nobel Heinrich Böll escribió esta novela a principios de los años 70, que fue cuando nacieron en Alemania los primeros grupos de lucha armada como la RAF o el Movimiento 2 de junio. Nacieron como consecuencia del movimiento del 68, que con sus métodos no consiguió llegar a su meta: un mundo más justo y sin guerras.
Según los afiches de «se busca» de la Policía -que eran utilizados por primera vez desde los tiempos nazis como método público de persecución en Alemania- la periodista estrella de izquierdas Ulrike Meinhof estaba involucrada en la liberación del militante Andreas Baader. Éste cumplió cadena en la cárcel por haber atentado contra un centro comercial, como protesta contra el consumismo y la indiferencia ante la guerra de Vietnam. Böll pidió públicamente garantías estatales para que la periodista se entregara voluntariamente. Pero se equivocó doblemente, ni el Estado alemán, empezando a desarrollar todo su arsenal antiterrorista contra este grupo opuesto al sistema, estaba dispuesto a dar estas garantías, ni Ulrike Meinhof quería entregarse para volver al arma de la pluma.
El Estado alemán y su prensa se tomaron muy mal esta iniciativa del Premio Nobel, más aún cuando la RAF (Rote Armee Fraktion - Fracción del Ejercito Rojo; a cuenta del trabajo de los medios de comunicación conocido aquí solamente bajo el nombre de los Baader-Meinhof) puso una bomba en el headquarter que el ejército de EEUU tenía en Heidelberg para planificar sus bombardeos sobre Vietnam. La prensa atacó sin perdón a la «Baader-Meinhof-Bande» (la banda - criminal / terrorista intuiría automáticamente el lector y la lectora - de Baader y Meinhof) mientras Heinrich Böll insistió públicamente en que, como mucho, se podría hablar del «grupo» Baader-Meinhof. Consideraba necesario este matiz para no juzgarles de antemano, o ponerles en el mismo bote que una simple banda mafiosa con fines criminales. La prensa no perdonó. De repente, el mismo Heinrich Böll se convirtió en blanco de la prensa alemana, empezando por el periódico sensacionalista de mayor tirada en Alemania, el «Bild-Zeitung», que empezó una verdadera caza de brujas contra el Premio Nobel.
Será por la experiencia sufrida en su propia piel por lo que Heinrich Böll escribe un epílogo a la novela aclarando lo siguiente: «Las personas y acontecimientos son de pura ficción. (...) Similitudes con las prácticas de la `Bild-Zeitung' no son intencionadas ni casuales, sino inevitables».
Heinrich Böll no perdió su honor. Después del encarcelamiento de Ulrike Meinhof, pidió permiso para visitarla y ver él mismo las condiciones de su aislamiento -denunciado como «tortura blanca»- lo que le fue denegado. Y hasta poco antes de morir, en 1985, participó con grupos pacifistas, en plena Guerra Fría, en los bloqueos de las bases americanas donde se guardaban armas atómicas en terreno alemán.
¿Dónde están los y las intelectuales y famosillos en el Estado español que se atrevan a levantar su voz a favor de la moral y el honor, en vez de guiñar un ojo al poder del Estado?

Gara

2009/05/20

Guerra psicológica contra las mujeres

Discusión celebrada en la Rote Fabrik de Zurich, en 1997

-Christine Kuby: la guerra psicológica llevada a cabo contra las mujeres se hizo mucho más dura hacia la mitad de los años Setenta, cuando muchas de las compañeras estaban en busca y captura. El Estado veía una particular amenaza en el hecho que las mujeres se armasen, porque esto significaba infringir en diferentes facetas los roles pre-establecidos, rompiendo no solo con el monopolio estatal de la fuerza, sino que además con la imagen del rol de los hombres. Al inicio, las mujeres militantes eran representadas como mero accesorio, como oprimidas o como compañeras. La representación de la relación entre Gudrun, Ulrike y Andreas constituye un claro ejemplo. Puedo leer un par de citas recogidas en 1979 durante mi proceso. (...)

...he aquí [también] un ejemplo proveniente de "Kriminalistik" de julio de 1976: "las menstruaciones son prácticamente el problema más importante. En Alemanía Occidental, al final de 1958, eran 12.448.000 mujeres en una edad comprendida entre los catorce y los cuarenta y cinco. Si se restan los números de embarazos y se multiplica, con cautela, el número de las "debilidades femeninas" en vez de por trece solo por seis, se obtienen en el curso del año 75 millones de fases de riesgo. La vida de una nación está llena de posibilidades de crisis que nosotros, en su mayoría, ni tan siquiera podemos llegar a imaginar. Si la mujer revolucionaria asume el rol de fermento, o si cualquier mujer superdotada es empujada por una conciencia disfuncional en el desempeño de un cargo importante, por muchas y diversas razones y en periodos convulsos, esta mujer representa una excepcional amenaza para el sistema".

En este contexto podemos introducir aquí un comunicado del jefe de la BKA, Herold, y difundido por el Spiegel, según el cual las mujeres de la RAF regulaban entre ellas los periodos de la menstruación gracias a la píldora. Esto ya vendría siendo verificado mediante el examen de las compresas encontradas en sus "guaridas". Ahora os reís todos: es cierto que hoy parece algo divertido, pero es así que se construía esa imagen, por una máquina de combate mistificadora de todo lo que para nosotras era importante.

2009/04/12

Perché il fuoco non muore

"...La reconstrucción de aquellos años es un trabajo aún por hacer, contra la falsificación y el uso de la historia realizado por el sistema dominante" Primo Moroni 1997.
Esta es la frase que han elegido los compañeros del COX18 para presentar unas jornadas que llevan por título: Porque el fuego no muere. Exposición sobre los militantes de la RAF muertos en las cárceles alemanas. Durante estas jornadas que corren a cargo de Paolo Neri, han participado Langenfeld y Peter Chotjewitz, y además se ha proyectado un corto de Holger Meins (12 Mal) y un documental de Meinhof (Bambule).

2009/03/31

¿Por qué ahora ellos?

artículo de Josep Torrell a propósito del estreno de la película "RAF: Facción del Ejército Rojo" y aparaceido en la revista Mientras Tanto nº68, (de abril 2009).
En la España de mediados de los años setenta, Ulrike Marie Meinhof —en gran parte debido a un par de libros traducidos por Manuel Sacristán Luzón— se convirtió en una especie de alegoría de la desesperación revolucionaria. Ulrike Meinhof nació en 1934 y tenía 23 cuando participó en las Marchas de Pascua, que era el primer movimiento pacifista de los años cincuenta, y posteriormente contra las leyes de emergencia. Afiliada al partido comunista (1958-1964), fue miembro activo de Federación de Estudiantes Socialistas (SDS). Profesionalmente fue periodista y jefe de redacción de la revista Konkret (1959-1969) y tuvo fama como periodista radiofónica y televisiva.
La evolución antidemocrática del gobierno alemán, su sujeción a los dictados del amo estadounidense y le preocupante pasividad de las clases trabajadoras inquietaron primero a Ulrike y la indignaron después. La matanza de un manifestante contra el Sha de Irán (1967) y el atentado contra el líder estudiantil Rudi Dutschke (1968) constituyeron puntos de no retorno en su reflexión política. Desde su columna de Konkret, defendió a Andreas Baader cuando incendió unos grandes almacenes y luego dio el paso a la guerrilla urbana, al participar en la fundación de la Fracción del Ejército Rojo (conocida policialmente como banda Baader-Meinhof). Era lo paradójico de su trayectoria —una dirigente pacifista que acaba fundando un grupo armado— lo que convertía su caso en motivo para pensar. Por utilizar un término de Eric Hobsbawm, que hizo fortuna por aquel entonces, era una revolucionaria sin revolución. Sacristán invocó el término de desesperado.
Cada vez más consciente de que la estrategia armada no llevaba a ningún lado deseable, pero también que decirlo era una traición para quienes pensaban lo contrario, Ulrike se quitó la vida el 9 de mayo de 1976, aniversario de la derrota de las tropas nazis. Treinta años más tarde, reflexionar de nuevo sobre Ulrike Meinhof podría ser un modo de pensar qué es la izquierda y qué podemos hacer en una situación que no deja de tener inquietantes similitudes con la Alemania de entonces. Hacer una película podía servir para dibujar —para las generaciones que han venido después— la situación de bloqueo y las alternativas que barajaba la izquierda juvenil de aquellos años: para tratar sencillamente de desvelar aquella alegoría.
Es cierto que los cineastas de aquella generación y posteriores intentaron acercarse a la experiencia de este grupo armado. Margarette von Trotta le dedicó dos de sus mejores películas: El segundo despertar de Krista Klages (1977) y, sobre todo, Las hermanas alemanas (1981). Reinhard Hauff hizo también Stammheim: el proceso (1986), editada ahora en DVD. Entre las películas recientes cabe destacar El silencio tras el disparo (1999) de Volker Schöndorff (sobre la tragedia de una arrepentida entre las dos estados alemanes) y Die Innere Sicherheit (2000) de Christian Petzold (sobre los hijos que hubieron de sufrir la trayectoria fugitiva de sus padres). También el cine documental se ha ocupado del tema, con la sobria y lúcida Ulrike Marie Meinhof. Lettre à la fille (1994) de Timoun Koulmasis. Cada una de ellas trataba, a su manera, de acercarse a las razones subyacentes a la decisión de pasar a la lucha armada.
Aunque la película RAF: Facción del Ejército Rojo (Der Baader-Meinhof Komplex, 2008) de Uli Edel, que acaba de estrenarse, no parece ir por esos derroteros. Es cierto, por supuesto, que resulta impactante la reconstrucción de la época y las escenas que son el caldo de cultivo del grupo, desde el asesinato a sangre fría de Benny Ohnesorg en la manifestación ante el régimen del Sha hasta el atentado contra Rudi Dutschke. Son rápidas, pero convincentes, las noticias que llegan de todo el mundo. Pero esa presentación se va deshinchando poco a poco a medida que se adentra en la historia del grupo y su planteamiento de la guerrilla urbana contra el imperialismo.
Meinhof tenía diez años más que sus compañeros, y tenía también más experiencia, sobre todo política, pero también muchos contactos, en particular entre la intelectualidad. Sin embargo, nada se dice en la película ni de que había sido pacifista ni de su simpatía entre sectores de los intelectuales. Así, por ejemplo, se pasa por alto que fue detenida no en cualquier piso franco sino en casa de un intelectual (que la entregó a la policía). Podría parecer anecdótico, pero no lo es: es el retrato del personaje el que resulta falseado y, por lo tanto, dañado.
También causa cierta sorpresa ver la fragilidad y la timidez de Ulrike Meinhof en relación con los demás miembros del grupo, cuando la imagen que ella daba por televisión —y son imágenes que puede haber visto cualquiera— es diametralmente opuesta: elocuencia argumental, claridad de propuestas, réplicas fulminantes y capacidad de convicción. Es muy posible que en la vida privada fuera algo diferente, pero esto no quiere decir que hiciera cosas tan social-ridículas (como leer la carta al Sha a un grupo que más parecen potentados que gente de Konkret), o que ocupara un segundo término dentro del grupo. El personaje real de Ulrike se desdibuja.
El retrato que se ofrece de Andreas Baader y Gudrun Ensslin es igualmente discutible. Posiblemente es acertado ver cierto personalismo en Baader, pero cuesta bastante de creer que jugasen con las pistolas como si nada (por ejemplo, en la carrera nocturna disparando en la carretera). Probablemente ese juego sólo es posible para quien no ha tenido un arma cargada en sus manos. Además hay algo importante que se pierde: el politicismo del tiempo; el hablar siempre en lenguaje político (incluso de las cosas más íntimas). Gudrun Esslin parece responder a este modelo, pero no los demás. Parece que estén allí para jugar un poco, o simplemente para cubrir el repertorio.
La reflexión sobre lo que hacían se esfuma en el aire. Cómo se teoriza la guerrilla urbana, cómo se fijan sus objetivos, cómo se evalúa la pasividad de las masas, etcétera, sencillamente no cuentan al hacer el guión de la película. Las divergencias en prisión —que existieron— podían haberse resuelto mediante una discusión entre ellos (las reuniones están, pero no la discusión), pero se optó por diseminar las frases relevantes a lo largo de muchas secuencias (sin relación dramática entre sí).
Lo mismo sucede con la muerte. Salvo Holger Meins —probablemente porque había el abogado presente— se omiten las muertes de los demás. Que Ulrike Meinhof se suicidara está comprobado, pero la versión que Baader, Esslin y Raspe se suicidaran deja mucho que desear. Es la frase final la que los da por suicidados a todos. Pero es la frase más etérea (y tramposa) de cuantas suenan en la película. Porque el espectador —a quien se remite ese “¿qué os habíais creído que eran?”— en realidad no puede pensar nada, porque no se le han dado los elementos de juicio para pensar cabalmente. Es una frase que permite repasar la película, pero al mismo tiempo es la garantía de que el espectador no va a encontrar más que lo que él mismo haya metido (y nunca los guionistas).
¿Por qué, ahora, ellos? Tal vez buscar la alegoría de esa activista por la paz metida a colocar bombas en las bases norteamericanas sea sólo un sueño de mi generación, el sueño de quienes un día de otoño de 1977 sentimos el frío en el corazón ante el suicidio de estado de los tres prisioneros. Tal vez esta historia vieja, del siglo pasado, sirva sólo para vender más entradas de cine (sobre todo si tiene cierta proporción de aventuras). Tal vez.
Si no fuera porque, desatendida la motivación política de los personajes, sólo queda su enfrentamiento directo con la policía. Terroristas contra serenos, con algunas frases —sobre la guerra cuando no hay guerra— que pertenecen más a este siglo que al pasado. Ahí está todo. En este duelo, por lo demás, gana la policía. En concreto, el presidente de la oficina criminal federal, Horst Herold (bien interpretado por Bruno Ganz), que fue el encargado de eliminar la Fracción del Ejército Rojo. A la nulidad con que se presenta el pensamiento político en torno a la guerrilla urbana se contrapone con todo lujo de detalles el discurso de la represión y el aniquilamiento: un Herold que, mientras saborea una sopa de bogavante, hace cábalas sobre como acabar con su enemigo. Es decir, la imagen del estado policial.
Probablemente el único héroe positivo que concibe el mercado sea éste. Un ángel exterminador de las esperanzas de cambio. Pero la Fracción del Ejército Rojo no se merecía ese escarnio desazonador, por mucho que uno disienta del camino que emprendieron.

2009/02/11

Lo personal es político

Entrevista a Ulrike Meinhof en 1969 subtitulada en inglés.

Baader-Meinhof Komplex -Trailer

Este es el trailer de una película que acaba de estrenarse. Todo ha sido resultado del testimonio de un compañero de Ulrike Meinhof en la redacción de Konkret, Stefan Aust. En la actualidad, es periodista del Spiegel, ha triunfado con las ventas de la versión literaria de aquellos acontecimientos, toda vez que ha realizado varios documentales también sobre este mismo tema que finalmente ha sido llevado al cine. En resumen, es el autor de esta versión oficial, que revisita la historia a ritmo de película de acción.



En la película se encuentran reunidos, esta vez en clave de ficción, todos los estereotipos a los que han querido reducir con el paso del tiempo al movimiento. En ella encontramos la idea romántinca de Bonnie and Clyde; se presenta a la Meinhof como una depresiva que se une a esta espiral por motivos afectivos; de forma casual se ve atrapada y sin salida, aislada por sus compañeros más que por el sistema de tortura carcelario; todo a fin de explicar, a toro pasado, el dramático final; se recurre a presentar la escalada como producto de un Baader, chulito y visceral macho entre feministas; y como resultado de un choque generacional se termina justificando la situación carcelaria actual. Etc...

Yo, Ulrike, grito

Franca Rame, autora de este monólogo, es una prolífica actriz y escritora de teatro. Sus raíces en el mundo de la comedia se remontan al siglo XVII. Además, a lo largo de toda su carrera siempre ha estado muy comprometida políticamente. Ejemplo de todo ello, no sólo es este monólogo, incluído en una serie dedicada exclusivamente a la mujer, sino que también, por ejemplo, ha formado parte de Socorro Rojo; esto siempre junto a su marido, el reconocido Nobel Dario Fo.



Desgraciadamente, este grado de implicación tuvo como consecuencia que en 1973, instigado por una división de carabinieris de la división Pastrengo, un grupo de extrema derecha la secuestrase, llegando incluso a violarla durante el cautiverio. De ahí surge en 1981, un texto que lleva por título, la violación. Despues de 25 años y al ser juzgado el caso, finalmente fue considerado como un delito ya prescrito.


En la actualidad, desde 2006, es senadora del sistema parlamentario liberal italiano.

2009/01/17

Bajo el signo de marte, de Fritz Zorn

Y además el odio; ese odio que a pesar de toda esta ausencia de esperanza, esta carencia de sentido, esta falta de salida da zarpazos y muerde todavía y detesta como un animal acorralado: eso también soy yo. Estoy destruido, pero no pacto con los que me han destruido. Hasta la última porción de mi yo, agotado por el sufrimiento y el tormento, devorado por el cáncer, muere ahora, pero protestando. La protesta es una noción que sobrepasa la del sentido o la del sinsentido. ¿Tenía sentido el que Ulrike Meinhof hubiera declarado la guerra total a todo un país?


"Tener sentido" no es, indudablemente, la palabra justa para eso, "no tener sentido", tampoco. Puede ser que lo que hizo tampoco tuviera sentido, lo admito, pero era coherente. Yo no sé cuáles son las circunstancias que impulsaron a Ulrike Meinhof a convertirse en terrorista; pero en ningún caso podría tratarse de buenas circunstancias, ya que nadie se hace terrorista porque las cosas le van bien. Y probablemente su vida era una vida desdichada, puede ser que hasta fuera una vida desprovista de sentido, pero había una cosa en su vida: el espíritu de lucha. Es cierto que, por el momento, yo no arrojo bombas; pero creo tener yo también espíritu de lucha. Aunque ese espíritu fuera lo único que tengo.

2008/09/05

Vietnam y los alemanes 2

Quienes practican la discusión con las porras de goma, quienes impiden la información acerca del contenido de las diferencias de opinión, quienes ocultan a la población los hechos que documentan el carácter de la guerra norteamericana en el Vietnam, de modo que para la mayoría de la población los manifestantes tienen que aparecer como unos verdaderos idiotas, todos ellos convierten la democracia en un estado policíaco, y a los ciudadanos en súbditos obedientes.

Vietnam y los alemanes 1

El 21 de octubre (1967) han lanzado con cohetes al territorio de los cuarteles norteamericanos de Berlín octavillas en las que se exhortaba a los soldados a no dejarse mandar al Vietnam, sino desertar. Este método de agitación es temerario, y tiene una punta de ilegalidad. Con él se trata de salvar mujeres y niños, cosechas e industrias, personas. Los que tienen el valor suficiente para recurrir a esos métodos de trabajo de oposición tienen también, evidentemente, voluntad de eficacia. Hay que reflexionar sobre ello.